Una breve reflexión sobre la idea de “Ser jefe”

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REFLEXIÓN

Una breve reflexión sobre
la idea de “Ser jefe”

Felipe Tejada Tapias

En las conferencias sobre emprendimiento se suele dar el consejo de “ser un líder” o “ser un jefe”; es decir, mandar, tener a cargo cierto número de personas y así convertirse en un modelo a seguir. En las universidades esto mismo se enseña en cursos conocidos como creatividad empresarial. En estas clases se enseña de modo implícito que todo lo que hagamos debe generar ganancias, pues cada idea o proyecto que tengamos deberíamos pensarlo como un negocio en el que valga la pena invertir o una mercancía que valga la pena vender. Por ello, quienes imparten estos cursos ven a reconocidos millonarios como Bill Gates o Jeff Bezos como una fuente de inspiración.

El problema con este tipo de clases y conferencias es que, al exaltar la figura de quien está al mando, también retratan al empleado como el modelo de lo que no hay que aspirar a ser, como si tener un jefe en lugar de serlo fuera una señal de fracaso, de bajas aspiraciones e incluso de pereza. Entonces se le inculca a la gente la idea de que para ser exitoso hay que “dar las órdenes, no recibirlas”. Esto supone un problema no solo porque crea una imagen negativa de los trabajadores esenciales, sino también porque si tanta gente quiere estar al mando, ¿quién realizará aquellas tareas pequeñas pero necesarias?

“No debemos olvidar que el valor de una persona, y el respeto que esta merece, no depende del trabajo que tenga o de cuánto gane en él.”

La cuestión es que esos pequeños trabajos —como recepcionista, personal de limpieza, vigilantes, etc.— están mal vistos porque no generan un buen sueldo, y lo que produce poco dinero se gana el repudio de los aspirantes a empresarios millonarios. Esta admiración por la figura del rico y poderoso perpetúa ideas clasistas que ven al empleado de cargo (y salario) más modesto como aquello que debe evitarse a toda costa, pese a que su tarea puede llegar a ser más importante que la del ejecutivo de alto nivel.

El personal de limpieza, el de cocina, el de seguridad o los recepcionistas son los encargados de mantener bajo control grandes espacios como restaurantes, centros comerciales o grandes edificios de oficinas. Y aun así, para algunos, estos empleos no merecen el mismo respeto que un gerente o administrador. Lo que debería preocuparnos es que las personas con estos trabajos modestos, pero esenciales, tengan condiciones dignas: un buen salario, servicio de salud, posibilidad de cotizar pensión, entre otras cosas. No deberíamos considerarnos fracasados si llegamos a tener un empleo de ese tipo. No debemos olvidar que el valor de una persona, y el respeto que esta merece, no depende del trabajo que tenga o de cuánto gane en él.

El emprendimiento no está mal, siempre que no se enseñe con una perspectiva clasista en la que las personas con trabajos modestos son la antítesis del éxito. Muchos de esos millonarios que tanto admiran los cursos de creatividad empresarial han logrado su riqueza no solamente por su astucia para los negocios, sino también gracias a la explotación laboral de sus empleados. Esto último parece ser algo que suelen ignorar —sea a propósito o no— esos cursos y coaches del progreso: que a veces la gente exitosa ha tenido que pasar por encima de muchos otros para obtener su riqueza, y que así es como llegaron a “ser los jefes”.

 

 

 

Felipe Tejada Tapias
 Filósofo

@misantrock