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MICRORRELATO
Bajo la luz de neón
Mariana Ramírez Rengifo
La ciudad respira entre jadeos. En la esquina de la avenida, una falda corta y tacones altos dibujan siluetas que el turismo no incluye en sus folletos. Tienen dieciséis, veinticinco, treinta y ocho, edades que se borran bajo el maquillaje y el cansancio.
Los clientes llegan en taxis discretos: hombres de corbata, extranjeros con cámaras, chicos que aún huelen a bachiller. Negocian cuerpos como si compraran fruta, buscando lo más joven, lo más barato. Las habitaciones de hora olvidan nombres; solo registran el crujir de los resortes y el silencio de las lágrimas que no caen.
En Medellín, el sexo es una moneda. Y la moneda siempre tiene dos caras: la del que paga, y la de la que sobrevive.
Medellín • Colombia