Selección de Poemas| Yuleisy Cruz Lezcano

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POESÍA

Selección de Poemas

Yuleisy Cruz Lezcano

Tormento y grieta

Para amarme, dame un tormento,
la majestad oculta de la ruina,
el viento incierto que se cuela,
viento que me lleva al tejado,
a ver la tormenta venir desde el este.

Estoy cansada de albas luminosas,
no sé andar por autopistas anchas,
temo los puentes colgantes,
quiero arrastrarme con el aire cortado,
por senderos de montaña,
la fatiga que marca el pulso.

No me allanes el camino,
no endulces mis oídos sordos,
no quiero palabras suaves,
no guardo en mí el plomo de lo fácil,
me acostumbro al silencio,
a la soledad con mi yo frágil.

Solo amo de ti el vértigo de la cuesta,
solo amo aquello que apenas intuyo,
haz mi vida difícil y suspendida,
sé dócil a mi tormento,
que escribo novelas en hojas frágiles,
que persigo tu imagen con mi pluma.

La grieta lenta se abre,
bajo el cuadro armonioso del día,
trae ecos de terremotos antiguos,
calma engañosa, tierra que cede,
somos balsas a la deriva,
mirando la torre, el abismo oculto.

Promesa tibia

Tu piel es una promesa tibia,
una lengua de luz sobre mi sombra,
y yo, incendio contenido,
me deshago donde apenas rozas.

Tus dedos —vidrio y viento—
recorren mi espalda como plegaria,
y cada poro abre la flor
de una espera largamente callada.

El aliento, ese hilo invisible,
se enreda en mis clavículas,
como si supiera leer
el temblor de mi esqueleto.

Hueles a tierra recién herida,
a noche mojada por deseo,
y en tu cuello late la luna
como un tambor secreto.

Mis muslos te buscan
como las raíces buscan agua,
y en el hueco de tu vientre
se curva mi hambre.

Allí, en el cruce sin nombre,
la sombra aprende a respirar.

En la grieta azul

Te mueves como si el viento
te debiera sus rutas,
con la calma exacta de quien
ha escuchado demasiadas mareas.

No dices que eres eterna,
pero hay algo en tu sombra
que no cede al óxido ni al invierno.

Llevas bajo la piel
una multitud de rostros antiguos,
pero sólo uno respira cuando hablas.

Tu voz no busca tronos,
busca grietas,
allí donde la belleza se quiebra
y aún así persiste.

Cuando escribes,
las estaciones cambian de nombre,
la piedra se vuelve pájaro,
el silencio, testigo.

Te leo y regreso
a ese lugar donde todo comienza
y nada necesita ser dicho.

Crisálida del silencio

No sientes, dices,
pero arde tu sombra
en la médula del aire.

Tu carne, exiliada de sí,
es un relicario
de impulsos dormidos,
y el deseo —esa bestia
calada de plomo—
gira en su jaula sin dientes.

Has perdido algo, sí,
como si el alma hubiera olvidado
su idioma
y las palabras se deshicieran
antes de tocar tu lengua.

Los pensamientos se quiebran
como vidrios en un naufragio mental.
Nada vive, dices,
pero la nada —¡ay!— no calla.

Hay un dios diminuto
que aún afina sus uñas en tus huesos,
espera tu bostezo
para sembrar un diluvio.

La insensibilidad no es ausencia,
es un reino hundido que aún respira,
un zócalo de fiebre,
cubierto de escarcha.

 


Yuleisy Cruz Lezcano
Poeta de origen cubano que reside en Italia desde hace varios años. Desarrolla su labor literaria en un diálogo constante entre culturas, lenguas y emociones. Su poesía nace del cruce de memorias, identidades y paisajes interiores.

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