¿Para qué quiero mis ganglios, sino son míos?
¿Para qué mi hipotálamo y las dendritas?
¿Para qué mi holograma cerebráico?
¿Para qué mi cuerpo de lego y plastilina?
Si solo soy un avatar
que recita comerciales cibernéticos:
“Coma palomitas” y “beba refresco”
tic tic tic
“Coma palomitas” y “beba refresco”
tic tic tic
“Coma palomitas” y “beba refresco”
tic tic tic.
Ustedes son la aguja hipodérmica que
taladra
ladra
¡auuuh!
taladra,
ladra
¡auuuh!
drena, envenena y muerde,
muerde.
¡Crasssh!
Se desliza mi quinto iris
entre Internet,
un documental y rebanadas de pizza.
Te enciendes Dictador
y
me tecleas los panditas de colores,
me programas las confitadas ideas,
me algoritmas una sopa enlatada,
el yogurt de las falacias griegas,
tamarindo azucarado,
chicle de las noticias improbables,
informatizas mi destornillada nuca:
“limpias, desinfectas y aromatizas”
“Coma palomitas” y “beba refresco”.
Celerísimo Monitor de Telúricas Propagandas.
Somos el mismo zombi que se deshumaniza trasnochadamente.
Hipnosis agonal que torturas el frontal lóbulo primitivo.
Ladras, ladras, muerdes.
Enajenado
entre jingles de chocolate y menta,
alienado
entre subliminales gaseosas de aluminio,
bajo empaques
de tereftalato de polietileno.
Somos para ustedes el
crash test dummy
soportando 10,000 kg
de nanosegundos de existencias ficticias.
Sin embargo,
yo renuncio.
Adiós.
Ustedes tienen
mi mente,
mis huesos,
mi consciencia,
mi organismo;
yo
solo renuncio, me resisto.
¡¡¡Renuncio!!!
Soy la resistencia,
híper cúmulo de rebeldías inasibles.
Les escupo su sofisma en las mejillas.
Ustedes tienen las balas;
yo la mano en el gatillo.