Los excrementos
Los excrementos
La gorda vuelve a entrar al baño, parezco un meteorólogo de tuberías: se pronostica para hoy tupiciones categoría cinco con rachas de peos con dirección sur-sureste. Se recomienda a la población no cagar hasta nuevo aviso… Cuando la miro se pone roja, seguramente lo echó ella. Ahora trae café y apenadísima, me pregunta si me ha dado mucha guerra el trabajo. Lo confirmo: fue ella. La verdad es que llevo toda la mañana en esto pero me gusta mi oficio. No todos pueden darse el lujo de estar tan cerca de la mierda ajena y entiéndase por mierda no solo la que se caga: destupí hace poco en Marianao la cifa de un cliente que echaba por la tasa los condones que usaba con el cuñado. He visto a gentes botar de todo, a veces pienso que los inodoros son basureros para deshacerse de lo mal hecho. Quizás algún día le hale la cadena a algo… ¿Cabrá todo un país?
La gorda se lleva la tacita del café y aprovecho para quitarme los guantes, con ellos no puedo manejarla bien y a la mierda hay que tratarla con mano dura, eso lo aprendí en la escuela de conducta. Me gusta estrangular mojones, revolver las plastas y hacer una espiral… no existe mejor plastilina que la mierda. Es tan divertido amasarla que no entiendo por qué ninguna mujer me deja masturbarme viéndola cagar y menos restregarle mi mierda en el cuerpo, total, si durante el parto muchas se cagan delante de ginecólogos, enfermeros, anestesistas… de haberlo sabido antes hoy no sería fontanero. Hay algunas hasta que las cagan dentro, hambre fecal que les da a los bebés que serán futuros comemierdas. Yo fui uno de ellos y tal vez por eso mi obsesión.
Meto más el brazo. La peste se asoma y calculo por sus componentes el sueldo de la gorda: según caga el culo, cobra el mulo. Estiro la mano un poco más, llego hasta la traba y halo fuerte. Cuando creo que algo se me va a salir si sigo pujando, saco un vestido de boda, un título universitario y las barandas de una cuna por armar: no sabía que junto con la mierda se botaban los sueños.
Termino el trabajo y voy a la sala. La gorda está más roja, removiéndose en el sofá: está aguantando las ganas. Me mira con la cartera abierta y alcanzo a ver que no tiene suficiente dinero para pagarme. Me pregunto si cagaría para mí.

Amelia Apolinario
(Mayabeque, Cuba, 1997). Autora de El genio de la mermelada (Enlace Editorial). Está antologada en obras como Caballería Mutante, Biblioteca de sueños, Las esquirlas del silencio y La Herencia de los buenos muertos. Es egresada del XX curso del Centro Onelio Jorge Cardoso y miembro de la AHS.
Ha sido reconocida con múltiples galardones, entre ellos el Premio del XXXVI concurso literario Alfredo Torroella (2025), ganadora de En Pocas Palabras (2024), la Beca El Reino de este Mundo (2024), Premio Viña Joven, Chispa Joven y Benigno Vázquez (todos en 2024). Cuentos y poemas suyos han sido publicados en revistas nacionales y extranjeras.