La mercantilización del desempleo y la precariedad

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ENSAYO

La mercantilización del desempleo y la precariedad

Cristian Felipe Leyva Meneses

En Colombia miles de ciudadanos suelen comprobar bastante a menudo la ineficacia de las agencias públicas de empleo, las cuales parecen ocupar un lugar meramente ornamental en las distintas oficinas, donde las plataformas obsoletas, el nepotismo y la pereza institucional parecen reinar sin apenas oposición. Por eso no resulta extraño atestiguar el numeroso surgimiento de aplicaciones, agencias y empresas que se valen de ese vacío operacional para generar ganancias a expensas de las ilusiones de los aspirantes a los cargos. En otras palabras, la problemática del desempleo es susceptible a ser mercantilizada por terceros privados que, mediante el engorde y venta de base de datos, la venta de suscripciones premium en sus aplicativos y la realización incansable de entrevistas de relleno, contribuyen a la especulación y precarización del mercado laboral colombiano.

Más allá de los llamados perfiles ocultos —eufemismos para legitimar la no contratación de personas por razones de edad, origen étnico racial o aspecto físico—, la abrumadora y a veces ridícula cantidad de información solicitada en las diferentes plataformas de empleo suele tener como denominador común extensas y enrevesadas políticas de tratamientos de datos, en las que, palabras más, palabras menos, el candidato cede a la empresa de búsqueda de empleo el manejo de su información personal para fines comerciales o publicitarios. Regala su información con la promesa de obtener un empleo y una vida mejor, y autoriza a que la plataforma o empresa en turno gane dinero con la comercialización oculta de sus datos, los cuales, en muchas ocasiones, llegan a mano de gentes inescrupulosas. Y luego se pregunta uno el porqué recibe más de diez llamadas diarias y mensajes de texto de empresas de dudosa procedencia que intentan con todas sus fuerzas vender sus productos o servicios.

Convengamos en que si alguien lleva varios meses buscando un empleo, no estará en su mejor momento, ni emocional ni financieramente. Por lo que la existencia de una versión premium de una aplicación de búsqueda de empleo resulta un tanto irritante, incluso ofensiva. Puesto que crea una separación de clases entre aquellos que pueden permitirse pagar para que sus currículums sean tenidos en cuenta y los que no. Las dinámicas capitalistas, fieles a sus principios de desigualdad y pago por privilegios, terminan pidiendo dinero incluso a los desempleados. La experiencia, pertinencia vocacional y aptitudes son algo secundario ante la inmensidad de aspirantes. En plataformas como “Computrabajo” y “Magneto”, solo en vacantes ofertadas en Armenia Quindío, pueden contarse hasta cuatrocientas postulaciones para cargos no especializados como auxiliares en distintos sectores, con ofertas laborales que en muchas ocasiones violan flagrantemente la normativa vigente.

Ante tan inmensa cantidad de información la mayoría de reclutadores han tomado la decisión de delegar el procesamiento de archivos a las inteligencias artificiales. Esto crea una paradoja, puesto que la asimilación y lectura de currículos va acumulando desperfectos y vacíos de información que suelen dejar por fuera del espectro de candidatos deseables a muchas personas que, en teoría, tienen la formación y experiencia para el cargo. Ya es tragedia de uso cotidiano escuchar de profesionales cualificados que, al no contar con contactos poderosos o influencias políticas, se ven obligados a sobrevivir en variados y pintorescos oficios distintos de aquellos para los cuales fueron formados.

“El negocio de muchas plataformas no es el empleo, sino la perpetuación del desempleo a través de sofisticaciones tecnológicas y requisitos absurdos.”

Parece ser que los vicios de la mercantilización del desempleo parecen superar las estrategias diseñadas para enfrentar tal problemática social y política. Irónico. Considerando que a todas horas y todos los días, las ya mencionadas empresas contratantes intermediarias celebran extensas entrevistas de relleno, en las que abunda la verborrea genérica y eufemismos para normalizar la explotación. Parece que el objetivo no es lograr la integración de todos o la mayoría de los aspirantes al mercado laboral —considerando que, en teoría, conocen los requerimientos de personal de casi todos los sectores productivos—, sino el estancamiento y la especulación con las vacantes y los aspirantes. Porque si se redujese demasiado el número de estos últimos, la empresa temporal o intermediaria ya no tendría igual cantidad de ganancias con la venta de bases de datos, la venta de suscripciones y demás. Porque su negocio es el desempleo y la perpetuación de este.

Lo preocupante no es solo que los desempleados sean víctimas de la explotación de su vulnerabilidad, sino que este modelo económico normaliza la precariedad como parte del sistema laboral. Frente a esto, urge repensar políticas públicas que protejan a los aspirantes, regulen la comercialización de datos y garanticen procesos de selección justos, donde la dignidad de las personas no esté a la venta.

Cristian Felipe Leyva Meneses

Poeta y estudiante de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana.

@leyvamen