Formalizado ya como preso | Alejandro Zapata Espinosa

Formalizado ya como preso
El chucho ―no lo llamen porque no puede asistir: le pica la rodilla― condenado en sus más de mil quinientos metros de hec(es)tareas, en lo que terminó ―edad y fuerzas lo posibilitan― el ex de la patria neoliboba, que enseñó a respirar seguro a los que temían sus ganados ―la putriedad privada y campanía―.
Se fue arrinconando el todomentiroso: del continente al país al departamento a la ciudad a su hacienda a sus centristas que van a Tomás y mamás o a Jerónimo Alberto Silenfaber, alargaciones del matarife ―patanrife, matafines―, y lo procedimental es:
a) desterrarlo de los símbolos políticos enclaustrados en la imaginación colectiva;
b) recordarle a entradores de marchas o colectivos quién era esa figurita guacharacosa y a dónde llevó en tantos años de seguridad forzada ―¿y quién nos defendía de él (sus partidarios, aunque capciólicos, lo escribirían con e may.)?―;
c) desvirtuar su manía persecutoria hasta que todo el país sea su enemigo declarado;
d) utilizarlo como motivo dialéctico contra el cual moverse y ampliar el frente y la victoria;
e) convertirlo en vergüenza para el agrupamiento de codornices a su alrededor;
f) negar la suma de la antioqueñidad excluyente y expandirla a sus contrarios.
Presentarse allí donde los gritones de camisas blancas y tacones en pavimento lleven su ganancia en equipos de sonido, cámaras e influenciadores; oponerse con la sentencia, los avances de la justicia y la rabia acumulada de quienes antecedieron el logro.
Porque ha demostrado el viejo inmamable ―en cuatro presidencias― que es capaz de montar agenda legislativa desde la prisión, grabarse apelando a sus favorables y victimizarse como legado con jota.
Una belleza que siempre encuentra dónde colgarse la soga del pobrecito: todo lo que se diga contra él será castrochavismo, complot o traición nacional.
Solo queda decir: ánimo presidente, solo le quedan once años, once meses y veintiséis días desde el once de agosto. El cierre podrido de una carrera política que deja a los precandidatos sin tótem y al público como juez.
Un supremido que, a distancia, aumenta su tormento; un influenciador en su guarida; un santico vístima de la persecusionadera. Fórmula inagotable del paralítico azul.
***
«Es triste ver los comentarios de varias personas acá, pues hablan con odio, resentimiento, como si este señor les hubiera hecho algo. Yo me pregunto…»
— compatriota (?) a los contra su majestad el bobino.
Aguas Calientes – El Pedregal, agosto de 2025

Alejandro Zapata Espinosa
Itagüí, Colombia (2002). Licenciado en Literatura y Lengua Castellana (Tecnológico de Antioquia). Maestrando en Educación (Universidad Santiago de Cali).