El Castrochavismo. ¿La evolución de una falacia o una ideología?
El Castrochavismo.

Castrochavismo es una palabra que dice más sobre quien la pronuncia que sobre aquello que pretende nombrar. Entre 2017 y 2020, este término se instaló en el discurso de la derecha colombiana como una herramienta de combate político: no como una categoría analítica, sino como un artefacto retórico diseñado para agitar miedos, crear enemigos y simplificar complejidades. Su circulación en la opinión pública ayudó a moldear percepciones, polarizar debates y condicionar la recepción de ideas políticas. Este análisis parte de una mirada crítica que entrelaza la teoría del Estado con la argumentación política, entendiendo el lenguaje como un terreno de disputa simbólica donde se define qué es lo posible y lo pensable. A través del estudio de múltiples artículos de opinión, se exploran las lógicas discursivas que sostienen esta noción y los efectos ideológicos que produce. Todo ello se desarrolla en el marco de un ensayo reflexivo que busca problematizar el fenómeno y sus implicaciones.
La génesis del castrochavismo como concepto es difusa, existen dos supuestas teorías “creacionistas” que rastrean su origen, la primera argumenta que el término fue acuñado por el profesor chileno Fernando Mires en un ensayo publicado en el 2017 (Peña, 2017). La segunda, propone que fue creado por el “Gran Colombiano” y su partido el Centro Democrático durante el mismo año (López de Mesa, 2020). Ahora bien, en términos generales esta palabra recoge a las ideologías asociadas a la izquierda, el llamado socialismo del siglo XXI, y fusiona el castrismo y el chavismo, presentándose como una ideología peligrosa que puede poner en riesgo el “normal” desarrollo de los países y sus dinámicas de poder. La derecha latinoamericana ha usado esta palabra con connotaciones peyorativas, despectivas, para referirse a sus opositores de izquierda, además de usarla como estrategia discursiva, aprovechándose de las situaciones sociopolíticas y económicas de Cuba y Venezuela para infundir pánico en la población.
Este concepto ha tenido un gran impacto en el país del “sagrado corazón”, pues Colombia y sus élites políticas, que tradicionalmente han sido de derecha, propiciaron no sólo la implementación de este término como concepto recurrente en la opinión pública, sino que también han sido las encargadas de exportarlo al resto del continente. Esto ha generado que se gesten múltiples interpretaciones y conjeturas alrededor de esta palabra, las cuales mencionaré más adelante, ya que es pertinente recordar cierto contexto en el que surgió el término.
El castrochavismo nace posterior a la muerte de Fidel Castro y Hugo Chávez, antes de ello se hablaba de socialismo y comunismo; el castrismo y el chavismo se mencionan como ideologías que, aunque coincidían en algunos puntos, tuvieron dinámicas diferentes; como se dijo, no fue sino hasta el 2017 que este concepto se establece en el discurso de la derecha colombiana.
Hay que tener en cuenta que el “castrochavismo” se puede entender como un discurso, las palabras que se dicen están controladas, elegidas y compartidas mediante diferentes procesos, con el fin de conjurar posibles dominios y riesgos (Foucault, 2005). En este sentido, un factor que abonó el crecimiento del uso del llamado castrochavismo en Colombia fue el proceso de paz, ocurrido un año antes, el 26 de agosto del 2016, cuando se firmó el acuerdo de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Estado Colombiano. Era evidente que este proceso no fue del agrado de gran parte de la derecha colombiana, sobre todo por el partido Centro Democrático y sus cabezas más destacables: Marta Lucía Ramírez, Alejandro Ordoñez y sobre todo el salvador de Colombia, Álvaro Uribe Vélez. Este es el punto de partida donde se empieza gestar el pensamiento: “nos vamos a convertir en Venezuela”, pues este país ya cumplía tres años con Nicolás Maduro en el gobierno y apenas comenzaba el éxodo de miles de familias venezolanas que, por culpa de la situación social, económica y política del país, tuvieron que emigrar para buscar un mejor futuro.
El régimen de Maduro y la distorsión en la concepción del acuerdo de paz entre el Estado Colombiano y las FARC, empezaron a confeccionar en el discurso de los grupos de derecha, una serie de lo que yo llamo “amenazas” y “argumentos”, que promovieron la idea: que si Colombia se atreve a mirar, a pensar o a preguntar por cualquier cosa relacionada con la izquierda, el socialismo o el comunismo, automáticamente nos íbamos a convertir en Venezuela o en su defecto la guerrilla se iba a subir al poder.
Por tanto, se destaca lo mencionado por la Revista Semana, donde expuso que, el proceso de paz y la polarización que vivió Colombia en ese momento gestaba las condiciones perfectas para “desatar el pánico de la «venezolanización»” en el país; y el hecho de que solo faltara un año para las elecciones presidenciales del 2018, le había permitido a la derecha edificar este discurso que, aunque suene poco real o absurdo, es muy efectivo para el control social (semana, 2017).
Un Término Polifacético:
Más allá de buscar los orígenes intelectuales del término o los pioneros en la utilidad estratégica del mismo, es pertinente resaltar la existencia del debate sobre si este concepto puede ser encasillado dentro de una ideología, un neologismo, en una herramienta propagandística, una figura retórica o una completa falacia; siendo este un debate con múltiples aristas, donde se resalta esta diversidad de concepciones y significados que adquiere el término “castrochavismo” en los artículos de opinión.
Para fines de este ensayo, es pertinente exponer las tendencias o las interpretaciones que más han influido en el debate público sobre este concepto. En primer lugar se encuentra la concepción del castrochavismo como una ideología según Luis Javier Orjuela y Víctor M. Mijares, ambos profesores del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes consideran que desde una perspectiva académica, el castrochavismo debe entenderse como una ideología, no como un neologismo; ambos docentes comulgan en que el castrochavismo existe y tiene claros propósitos políticos y geopolíticos, sin embargo, nunca profundizan en ello. Aún así el profesor Luis Javier Orjuela (2018) lo define como “un conjunto estructurado de ideas, creencias y valores de diversa naturaleza (filosófica, moral, económica, social y política) que proporcionan sentido y orientación a la acción política e identidad y cohesión a los actores políticos”. En sintonía con lo expuesto por Orjuela, Mijares expone que es un mito creer que el castrochavismo se puede instalar en todas partes de la misma manera y con los mismos resultados.
Antes que ellos, el analista Ariel Peña Gonzalez (2017) ya consideraba que el castrochavismo es una ideología que no debe ser tomada a la ligera, pues para él, el castrochavismo y el socialismo del siglo XXI son el mismo marxismo-leninismo. En esta propuesta, se evidencia una tendencia completamente anticomunista, y comparte la visión de que Colombia puede llegar a ser completamente invadida por el castrochavismo “porque la astucia y la maldad del marxismo-leninismo no tiene limites”. Finalmente expone que esta palabra no es “ni un fantasma, ni un mito, sino que es una realidad criminal”
Por otro lado, la revista Semana bajo la dirección de María Jimena Duzán, publica un artículo denominado “El fantasma del castrochavismo sigue al acecho”. En pocas palabras, busca tranquilizar a la población en medio de la contienda electoral del 2017 y cimienta una de las primeras fases de la contraargumentación al discurso del castrochavismo promovido por el establishment criollo. En este artículo, se expone al castrochavismo como un mito sin sentido que alude al imaginario y que genera pánico o miedo colectivo. Algo importante a mencionar es que se proponen cuatro factores por los cuales la población colombiana le teme al discurso castrochavista: “el colapso de Venezuela, la oposición de Uribe, el odio por las Farc y las embarradas del gobierno”.
Estas dimensiones explicativas que proporcionó Semana, no solo ayudan a entender el contexto de la realidad coyuntural por la que atravesaba Colombia y su vecino país, el hecho de considerar al castrochavismo como un mito sinsentido, no es un despropósito, ni una idea hiperbólica, pues según lo expuesto, el hecho de que se haya interpretado el concepto de esa manera se debe a la dimensión del fracaso de la revolución bolivariana, tanto así, que Semana argumenta: “debacle del gobierno de Nicolás Maduro hace que incluso la izquierda tenga como prioridad no caer en el mismo hueco” (Semana, 2017).
En este sentido, cabe destacar la frase: “El miedo mueve más que la esperanza y no solo los uribistas les temen a las FARC”, con la que la revista Semana introduce y desarrolla brevemente ese temor de la participación en política de la guerrilla y el riesgo que esto podría entrañar para el modelo económico y la propiedad privada. Eso es lo que entienden por castrochavismo no solo los empresarios, sino también el resto de colombianos. Este sentimiento ha sido exacerbado por las declaraciones arrogantes de algunos líderes de las divididas guerrillas de las antiguas FARC. El castrochavismo trae consigo un miedo latente a un cambio en la forma en la que se configura y se administra el poder. Además, se entiende como un sinónimo de expropiación, ya que la tierra y su distribución en Colombia siempre han sido de los mayores problemas.
Un año después de la publicación del mencionado artículo, el analista Camilo Vizcaya Rodríguez, presenta al discurso del castrochavismo como una falacia, siendo un término difuso y variopinto que se ha fundamentado en una serie de premisas engañosas que aparentan ser verdad pero que no lo son. Vizcaya (2018) enlista una serie de falacias lógicas que son usadas como fundamentación y justificación del castrochavismo, la cual, ciertos sectores de la política, han tomando como instrumento para influenciar el imaginario social de la población: en primer lugar propone que existe una falacia ad verecundiam (creer en la veracidad de una premisa debido a la autoridad que la respalda); segundo, una generalización apresurada (llegar a conclusiones sin suficientes datos); tercero, una falacia ad hominem (criticar la imagen del oponente en lugar de sus ideas); por último, el error post hoc ergo propter hoc (creer que un fenómeno causa otro basándose en la correlación temporal). Vizcaya concluye que el castrochavismo es una falacia ideada por quienes buscan generar pánico, por tanto este término, como realidad práctica, no existe en Colombia. Este concepto en general no es una prueba o una veracidad de la situación del país y mucho menos puede predecir el futuro de este.
Otra perspectiva que cabe resaltar es el castrochavismo como dispositivo o figura retórica, aportada por el catedrático Andrei Gómez Suarez en su artículo “El Cuentazo del Castrochavismo”. Allí expone que prefiere entender al castrochavismo como “la simplificación y tergiversación de la realidad” (2017). Más adelante, en el 2020, Alberto López de Mesa agrega a esta visión, pues también considera que el castrochavismo surge como un “libelo de la astucia retórica”. En síntesis, bajo la perspectiva de estos autores, el castrochavismo es la viva imagen de una forma no convencional del uso del lenguaje, no es más que una figura literaria, o en su defecto retórica, que atraviesa el discurso de un determinado sector que lo ha usado como argumento disruptivo en el campo de la opinión pública.
Una de las categorizaciones más usadas en la opinión pública para referirse al castrochavismo es el de neologismo. Vale aclarar que, según la Real Academia Española (RAE), esta palabra es un “vocablo, acepción o nuevo giro en la lengua”, es decir, es una palabra o concepto nuevo que ha surgido en el lenguaje y se ha popularizado en un determinado contexto. En este caso, el término “castrochavismo” es utilizado principalmente en el ámbito político y tiene connotaciones negativas. Se utiliza para referirse a un supuesto modelo político que se cree estaría siendo implementado o buscado por ciertos líderes o movimientos políticos, y que se asocia con características negativas como el autoritarismo, el populismo, la restricción de libertades, el control estatal de la economía, entre otros. Es importante tener en cuenta que el uso de neologismos puede estar influenciado por la intención de persuadir, simplificar o enmarcar un debate político en determinados términos.
En resumen, el castrochavismo tiene un origen borroso, difuso, no se sabe exactamente quién, cómo y cuándo se creó, pero sí se sabe de los impactos e interpretaciones que esta palabra ha tenido en el territorio colombiano. Este concepto debe ser analizado con lupa y suma atención, pues el mismo afán natural que tiene el ser humano de encasillar, categorizar y nombrar ha convertido a este en una idea polifacética, que dependiendo de su contexto y el adjetivo que se le añada cambia completamente su significado, ya que en algunos casos puede ser algo sumamente peligroso y tangible, como en algunos otros como una falacia que juega con el imaginario. Es evidente, que la carencia como tal de un significado y una definición homogénea, a partir de un estudio general y riguroso del fenómeno de este concepto, da pie a que este sea usado de múltiples formas en el ámbito político, esta insuficiencia descriptiva de este concepto lo ha dotado de su principal fortaleza, su capacidad de adaptación en el campo del discurso.
Instrumentalización
Desde la instrumentalización y definición que da la derecha colombiana al castrochavismo, este se entiende como una amalgama de epónimos, se compone principalmente de ideologías de gobiernos de gente que ya está muerta, y sobre todo, de sistemas políticos como el socialismo y comunismo, que tienen múltiples adaptaciones, desde la soviética o estalinista, hasta la china o maoista, lo que hace muy difícil instaurar en países que históricamente han tenido una tendencia al libre comercio y sobre todo a los supuesto valores capitalistas implementados en la población colombiana.
Ahora bien, este concepto ha tenido un uso ligero y generalizado que en tiempos electorales ha generado polarización, no sólo en términos de candidatos, sino también en términos de interpretación, como son los casos del Acuerdo de paz y su respectivo plebiscito (Gómez, 2017). En su momento, el partido el Centro Democrático, el mayor colectivo derechista especializado en estudios de castrochavismología, se ha encargado de difundir, definir, instrumentalizar y manipular este concepto a partir de varios objetivos fundamentales para la argumentación.
El primer objetivo que tiene la derecha y su respectivo discurso castrochavista es polarizar, es por ello por lo que durante el 2017, en las marchas a favor del plebiscito, múltiples integrantes del Centro Democrático expusieron su preocupación hacia la “venezualización” o al castrochavismo, por ejemplo, Andrei Gomez Suarez (2017), destaca: “La senadora Paola Holguín informa a los colombianos todos los detalles concernientes a la Marcha del Primero de Abril, contra la inaceptable entrega de la Patria al comunismo Castro-Chavista, representado por el cártel Farc-Santos”. A su vez, resalta también el discurso de Álvaro Uribe Vélez sobre la necesidad de recuperar la democracia en Colombia, desde un llamado a las juventudes para que recuperen su libertad, ya que los venezolanos nunca pensaron que iban a perder la libertad… por esto esta lucha nuestra contra este remedo de chavismo que nos ha impuesto Santos.”
Estos discursos y comentarios traen bajo la manga una instrumentalización de las pasiones, usando el miedo con la finalidad de aludir al campo emocional de la política, recurriendo a la estrategia más vil: usar el dolor y el miedo ajeno, refiriéndose a la herida abierta que todos los colombianos llevamos en el bolsillo, cuando de conflicto armado se trata. La polarización no es algo que se da de la noche a la mañana, ni de manera azarosa o por generación espontánea, es un proceso lento que se adentra en las venas abiertas del campo emocional, que usa a las redes sociales y medios de comunicación como forma de transporte y propaganda para sembrar desconfianza y manipular la base emocional que permea el campo de la argumentación en la política colombiana.
Y claro, el castrochavismo ¿Cómo no va sembrar pánico y desconfianza? Si por medio de los canales habituales de comunicación de los gobiernos de los países de la región como Bolivia, este concepto se define como “[…] la denominación que describe el sistema de crimen organizado transnacional que usurpa el poder político, en Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua… Que amenaza la paz en las Américas.” (Carlos Sánchez Berzain).
Suarez señala que el discurso castrochavista impide el reconocimiento del otro como una legítima otredad en la convivencia, pues la polarización tiene un impacto social: el respectivo señalamiento del otro; este concepto trae consigo el encasillamiento, cierra las posibilidades de reconciliación y abre las puertas a la violencia. No es gratuito que el Centro Democrático aluda por medio de la instrumentalización de este concepto al marco emocional o al imaginario colectivo, para que reluzcan sentimientos como la rabia, el miedo y la indignación que hacen ver al otro, no como un sujeto en igualdad de condiciones, sino como una amenaza interna.
Continuando con el ámbito de la polarización, el castrochavismo cuenta con tres dimensiones que giran en torno a la provocación del miedo y apatía en sectores de la sociedad: en primer lugar, el castrochavismo establece una pérdida de la identidad nacional (bajo una amenaza externa), también es un sinónimo de la imposición de una dictadura (amenaza a la libertad), ya que por medio de una dictadura se instale el comunismo (amenaza a la propiedad privada) (López de mesa, 2020). Es por medio de estas amenazas que se fundamenta y se nutre el concepto del castrochavismo, es más, López de Mesa considera que este concepto es el producto perfecto de la desinformación, el miedo y la post verdad, y añade que, por más argumentos lógicos existan negando al castrochavismo como una ideología es prácticamente imposible desvanecer el concepto de la opinión pública.
El segundo objetivo de la instrumentalización de este concepto por parte de la derecha criolla, es explicado a través del impulso que tuvo durante las campañas electorales del 2018, y cómo este discurso buscó desvirtuar, deslegitimar y difamar al contrincante o a la oposición del partido del “innombrable”. Este es uno de los usos más prácticos y estratégicos que tiene el concepto dentro del sistema político colombiano, no es por nada el resultado de las elecciones presidenciales del 2018, pues un año atrás en las palabras de la revista Semana: “[…]Se podría decir que el uribismo ha tenido una exitosa precampaña con la instrumentalización del miedo” (2017). Esto se puede complementar con lo expuesto por el analista Camilo Vizcaya: “lo realmente preocupante es que, más allá de ser utilizado como un instrumento de análisis geopolítico, el «castrochavismo» se ha convertido en el elemento imprescindible de un discurso político desinformado, nocivo y divisor” (Vizcaya, 2018).
Ahora bien, el castrochavismo no es un discurso que surge de manera azarosa, es algo estratégico y planeado, y no es por casualidad el hecho de que surja este debate en pleno panorama electoral. La derecha ha monopolizado el poder en Colombia durante mucho tiempo y cada elección de presidente es una posible pérdida y desarticulación del sistema político criollo, es poner en jaque la razón de Estado y sobre todo la estabilidad de la élite que por tantos años ha gobernado este platanal, porque al fin y al cabo, los intereses del Estado colombiano no son los de toda la población sino los caprichos de aquellos en los que se concentra el poder.
Por tanto, cabe mencionar que, el discurso no es solo una herramienta del poder, sino que es un instrumento de este, por tanto los discursos y las palabras en estos no aparecen de forma azarosa, en términos de Foucault, cuando el discurso se relaciona con el poder se monopoliza. (Foucault, 2005) Cuando la derecha se apropia del discurso castrochavista tiene como finalidad la polarización, la intimidación, el amenazar, y sobre todo, el control de la población por medio de la opinión. Por tanto, al analizar la instrumentalización del concepto castrochavismo en el discurso de la derecha, desde lo expuesto por Foucault en el “Orden del discurso”, se encuentran varios elementos teóricos que son importantes para la comprensión de este fenómeno. Según Foucault, el discurso es una forma de poder que no solo refleja la realidad, sino que también la moldea y perpetúa. (Foucault, 2005)
Una de las características centrales del discurso que instrumentaliza al castrochavismo es su función de exclusión e inclusión. Este discurso establece una división entre los oprimidos y los opresores, mediante la identificación de un enemigo común, por tanto se crea una solidaridad entre aquellos que se consideran víctimas de la opresión, en este caso, la derecha colombiana exhibe que la izquierda es la culpable de que el país se encuentre en vías de perder su sistema democrático, por tanto, invita e incita a la población de que no permita que el comunismo ingrese al país.
Así mismo, la derecha también emplea dispositivos de poder para mantener su dominio, asegurar su permanencia en el poder y para mantener este concepto latente en la society. Estos dispositivos pueden incluir la propaganda, el control de los medios de comunicación, la limitación de la libertad de expresión, o en su defecto la persecución a sus opositores. Son mecanismos de control social y adoctrinamiento con el fin de mantener una coherencia ideológica.
La instrumentalización del castrochavismo en el discurso de la derecha colombiana, también busca establecer su propia narrativa de verdad dominante. A través de la repetición constante de ciertas ideas y consignas pretende convencer a la población de la validez y legitimidad de sus planteamientos, por eso muchas veces este concepto es interpretado como una ideología. De esta manera, se logra el efecto de verdad, que se consolida mediante la persuasión y la construcción de una realidad acorde con los principios del discurso.
No obstante, a pesar de la dominación y hegemonía que tiene la derecha del discurso castrochavista, Foucault plantea que siempre existen espacios de resistencia y luchas de poder. El poder no se limita únicamente a la represión, sino que también es productivo, lo que implica que siempre hay posibilidades de resistencia y desafío al discurso dominante. Es por eso que el “castrochavismo” se legitima como argumento, por medio de su refutación y el debate que promueve la oposición y las ramas académicas en torno al término.
En este sentido el “castrochavismo” es algo verosímil, pues en términos de Todorov, es lo que parece verdadero o que es creíble. Este término recoge en él una carga ideológica y una gran historia de por medio, guarda en sí esa ola de revoluciones socialistas y los regímenes autoritarios de izquierda que incidieron en el Caribe y en Latinoamérica. Aunque parte del contexto histórico del que se deriva es comprobable, este término no es una verdad absoluta, sino que es una aproximación de interpretaciones referentes a lo real o en este caso a lo histórico. Esto permite argumentar que: la verdad nuestra se encuentra y se choca con la verdad del otro, por tanto se polariza, y se cumple uno de los fines de esta metáfora alarmista.
Dicho lo anterior, un aspecto importante que se debe abrazar, es que este concepto también alude a un salto generacional. Hay que entender el contexto que vive la gente que cree en el discurso del castrochavismo promovido por la derecha, pues, como se dijo en párrafos anteriores, este se aprovecha del miedo que tienen las generaciones más viejas, del miedo al socialismo, al comunismo. Es un miedo entendible, los grupos armados revolucionarios y el conflicto interno han sido factores que refuerzan el repudio hacia todo lo que huela a izquierda, eso sin mencionar la incidencia y el discurso gringo capitalista y sus respectivos valores que se gesta en Colombia desde antes de la implementación del Plan Cóndor en el cono sur del continente americano. Por tanto, el hecho de que la población más joven vea a este discurso como un absurdo no es más que la instrumentalización de este concepto y el efecto de polarizar y sembrar terror. La derecha y sus respectivos defensores conocen bien a sus seguidores y adeptos, por tanto comprenden que esta palabra remueve múltiples pasiones.
Conclusiones
En resumen, el “castrochavismo” es definido de manera diversa, puede verse ya sea como una ideología, una figura retórica, una completa falacia o una propaganda. Esta multiplicidad de sentidos impacta en la población y sobre todo en la formación de una opinión Así mismo, es pertinente entender que tiene un fin, no solo lingüístico, sino que también social, encaminado al control político por medio de la amenaza del cambio del estatus, Esto se hace con la finalidad de mantener el monopolio del poder, se entiende que la derecha en Colombia ha conservado de manera hegemónica el poder político, este concepto tiene una carga utilitaria, es instrumentalizado para el control poblacional desde la emoción, aprovechándose de la ignorancia del país, el miedo y estigma que gira alrededor de la izquierda, la oposición, el socialismo y el comunismo. Por tanto, el castrochavismo es un argumento erístico, un argumento que surge de manera sorpresiva en el argot de la opinión pública colombiana, y aunque sea un argumento repleto de falacias, ha garantizado el éxito electoral de la derecha colombiana.
Por otro lado, la incesante búsqueda de la verdad y categorización sobre la creación y origen del castrochavismo, disipa un poco el debate de lo que en realidad es problemático, hay que tener en cuenta que este es un debate que surge en el ámbito político y que se encamina a la opinión, por lo que la opinión no permite llegar a la “esencia” o a la verdad de las cosas. Por tanto, este término continuará haciendo de la suyas en el imaginario de la población.
Por otro lado, el castrochavismo no existe como ideología porque carece de los elementos que tienen propiamente las ideologías, por ejemplo, necesitan de una identidad y de un sentimiento de comunidad, hasta el día de escrito este ensayo nadie quiere identificarse o promover el castrochavismo. Además, la forma en la que la derecha ha instrumentalizado este concepto, lo ha hecho ver como una idea carente de propuesta de acción, tal parece que los que la reconocen como ideología son sólo ellos mismos, nadie reconoce legítimamente el castro chavismo como ideología. Sin embargo, aunque este concepto no exista como ideología, sí lo hace como idea y como argumento, existe como una herramienta discursiva propia de una dinámica erística, que no es más que un fenómeno del lenguaje, esta palabra penetra en el imaginario y llega a cambiar no solo la percepción social, electoral, política, sino también la forma en la que interactuamos con el otro. Por tanto esta amalgama de epónimos de izquierda tiene un efectivo fin como instrumento polarizador.
BIBLIOGRAFÍA
- Foucault, M. (2005). El Orden Del Discurso.
- Gómez Suarez, A. (2017, 7 abril). El cuentazo del castrochavismo. La silla vacía. Recuperado 1 de junio de 2023, de https://www.lasillavacia.com/historias/historias-silla-llena/el-cuentazo-del-castrochavismo
- López De Mesa, A. L. (2021, 28 mayo). Castrochavismo, marca registrada. ELESPECTADOR.COM. https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/alberto-lopez-de-mesa/castrochavismo-marca-registrada-column/
- Peña Gonzalez, A. (2017, 16 junio). Así se burle la Revista Semana, el Castrochavismo ha llegado para acabar con Colombia. Las2orillas. https://www.las2orillas.co/asi-se-burle-la-revista-semana-castrochavismo-ha-llegado-acabar-colombia/
- RAE. (s. f.). neologismo | Diccionario de la lengua española. «Diccionario de la lengua española» – Edición del Tricentenario. https://dle.rae.es/neologismo
- Rodríguez, C. V. (2021, 6 junio). Las falacias lógicas y el ‘castrochavismo’. ELESPECTADOR.COM. https://www.elespectador.com/colombia-20/analistas/las-falacias-logicas-y-el-castrochavismo-article/
- Semana. (2020, 29 agosto). El fantasma del castrochavismo sigue al acecho. Semana.com Últimas Noticias de Colombia y el Mundo. https://www.semana.com/nacion/articulo/gran-encuesta-invamer-diciembre-fantasma-del-castrochavismo-sigue-al-acecho/549767/
- Todorov, T. (1971). Lo verosímil que no se podría evitar.
