Un Texto Incómodo | Víctor Lowenstein
Un texto incómodo
Me dijo en una ocasión cierto amigo dado a la psicodelia: “La única aventura es ver colores” Lo entendí, algo que no pudo lograr ninguno de sus amigos ni de mis amigos ni de nadie que leyera esa cita escrita en la pared de un baño público. Pues bien, ahora quiero que entiendas esto: “el único heroísmo es quedarse quieto”.
Yo suponía que la cosa pasaba por adherir a grandes causas, saltar barricadas, denunciar opresores y cosas así. Yo cantaba i fought the law todo el santo día. Resulta que no es así. O estoy muy viejo o he aprendido algo.
El heroísmo es negar que todo vaya a ser mejor porque sea correcto desearlo. Asumir que existen cúpulas de poder muy avanzadas dedicadas exclusivamente a joder a la raza humana que sigue dormida a esta realidad pero no abundaré sobre este tópico porque si no lo entiendes no será mucho lo que pueda hacerse por ti, hermano. Porque tú y yo somos hermanos de sangre aunque te hayan enseñado meticulosamente a creer lo contrario. Tus valores te han sido impuestos. El verdadero Cristo trató de enseñar la verdad de la consanguinidad humana y lo crucificaron.
Te inculcaron que debías ser nacionalista y también pacifista. Ambos valores se contraponen, lo que impide a la mente asimilarlos juntamente. El raciocinio, enfrentado a ese cortocircuito conceptual reacciona subdividiéndose en extrañas categorías que tienden a conciliar lo inconciliable sin lograrlo nunca del todo,
acabando la mente confundida en seudo-conceptos que como los eslóganes de 1984 desconciertan toda atención:
“WAR IS PEACE” “FREEDOM IS SLAVERY”
Siguiendo:
Te enseñaron a comer carne con verduras para tu sana nutrición. Omitieron que las primeras se obtienen mediante torturas y que las segundas son fumigadas por la misma empresa que fabricaba bombas químicas en la guerra de Vietnam. Insistieron en que cuidaras tu salud, por lo que no faltaron médicos a los que
visitaste que te prescribieron fármacos, antes de ahondar un poco en tus reales problemas o siquiera averiguaron tu tolerancia a sustancias extrañas a tu organismo.
Te sugirieron que cultivaras también tu espiritualidad a través del yoga y textos de auto-ayuda. Seguramente ignoran que la primera práctica deviene de sectas paganas dedicadas a invocar entidades del inframundo. Menos peligrosos resultan los libros de meditaciones y mantras, capaces de imbuirte en estados de anulación más radical de tu ser. Como no se notaban progresos en tu camino a la realización, te insinuaron que visitaras un buen psicólogo; el psicoanálisis desbloquearía tus traumas infantiles y todo eso…tarde verificaste que otros gastan su vida en el diván sin avanzar un solo paso hacia su realización. No pudieron ayudar a Marilyn que pagaba fortunas; ¿qué puedes esperar tú?
Después vinieron los locos de Dios, con su folletería e invitaciones al estudio de cierto palimpsesto ocultista conocido como nuevo testamento. Te lo presentaban como un libro de enseñanzas. Bastó recorrer algunas páginas para entender que, simplemente, no era así.
La falsía más cruel, acaso, fue cómo te conminaron a ser positivo, optimista. A tener “buena onda” aún frente a los masivos ataques de radiofrecuencia que recibes cada día, igual que la publicidad coercitiva, las contaminaciones químicas y la saturación informativa y mediática. Estos males no parecen existir para los
cráneos del positivismo televisivo. Está bueno tratar de ser feliz; mantener en alto el sistema inmunológico con un buen carácter y algo de optimismo, claro que sí; lo que está malo es sucumbir al modelo de idiota útil optimista que quieren que seas, como esa cara sonriente que ostentan los políticos que tan bien simbolizan esta
falsía.
Regresando al principio.
No sé si queremos ser héroes o sólo buenas personas. La espiritualidadmodernosa te pide que seas “tu propio héroe”. La sociedad, que seas lo bastante heroico como para aceptar lo que se te ofrece, sólo que callar no parece algo heroico. Quizá haya un heroísmo necesario en luchar por algo que valga la pena
en medio de una sociedad devastada por los enfrentamientos y las diferencias de clase. Personalmente deserté de la política hará siglos, tanto como de las prácticas psico-espiritualistas que me defraudaron ayudándome a madurar y abandonar la ingenuidad.
¿Qué hacer? Se preguntan aún los bienpensantes que acaso también abandonaron los caminos del mantra, iglesias, militancias y otros divanes o barricadas. Quienes aún se niegan –heroicamente- a caer en la gran fosa del escepticismo. Mi respuesta, a la que he llegado merced a no pocas tormentas
espirituales suena desconcertante: “quedarse quieto”.
He estudiado los casos de personas que, desesperadas por trascender estados de conciencia ordinaria, cayeron en prácticas de meditación o yoga prohibitivas que pusieron en alto riesgo su salud; o entregaron la voluntad a gurúes del éxito o pastores fanatizados quienes por igual les obnubilaron la conciencia
perjudicialmente. Más inusuales o poco difundidos son los casos de los apasionados de la ufología que “ascendieron” al rango de contactados por otros seres de razas superiores que, de existir, usaron conciencias ajenas para sus propósitos personales. Los médiums involuntarios, víctimas al fin, quedaron incapacitados, extrañamente vaciados de voluntad y energía, enfermos de depresión o esquizofrénicos en algunos casos. Es real. Todos deseando no haber dado el paso; arrepentidos de no haberse quedado donde estaban, antes de
aventurarse en pos de algo mejor que no fue. Es por eso que predico y practico el “quedarse quieto”.
¿Quién puede o podrá ofrecerte lo que no contengas ya en tu interior, aunque no seas todavía capaz de sacarlo afuera? ¿Quién puede culparte por no lograrlo, más que tú, enfermando de auto-exigencias inventadas? El problema lo crea tu mente, puede que no sea un problema… No hay gurú, líder, doctrina o escuela capaz de
revelar aquello que no puedes descubrir por tus propios medios. Cada paso que des errado en ese camino te retrasará penosamente de ti mismo. Cualquier mínima reflexión lograda por tus propias meditaciones es más valiosa que todas las religiones juntas.
No desesperes. No perseveres. No pienses tanto. Vive un día a la vez. No aspires más de lo que tu alma esté preparada para asimilar. No aceptes nada de lo que digan sin pensarlo por ti mismo. Desconfía de todos; ama a quienes se te antoje amar. Sé prudentemente crítico, recuerda que pocos piensan en tu felicidad al
proponerte lo que sea. No seas del rebaño y mantente lejos de su pastor. Eres mucho más que una oveja, no lo has descubierto aún. No tengo más para decirte. Hay alguien que quiere hablarte ahora. Cierra los ojos y escucha.

Escritor, corrector literario y coordinador de talleres literarios. Autor de los libros: “Veo cosas muy raras” (2003), “Simetrías obscenas” (2004), “Malamuerte” (2006), “Taratología de los espejos” (2013), “Paternóster” (2014) y “Artaud, el anarquista metafísico” (2015). Ha recibido premios como “Capparelli”, “Al pie de la letra”, “Horacio Quiroga” y “Tahiel Ediciones”.
Su obra explora territorios experimentales, weird y la inter-zona de la textualidad contemporánea, con raíces kafkianas.