Días de 2026 2 y 4

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CRÓNICA | DISTOPÍA

Días de 2026 2 y 4

Alejandro Zapata Espinosa

Parte contraria del operativo, entremezclándose en nieve o salida de tienda ecuatoriana para evadir o confrontarse en dado caso de aparición (un rifle, los guantes no seriados). Es el enclave, Bosman y Purdy reportando desde Minneapolis, «de mayoría mexicoestadounidense, en un suburbio del sureste de las Ciudades Gemelas». Logró la vista del terror ser temida aunque no esté, sin presencia responsable, hablaremos de ello, del tiroteo.

Dándole balance a la lectura, me recordó a «Los aparecidos»: la vigilancia desde un estado de supervivencia, el todo-poder, miedo y persecución que termina en el lastimoso atrapen. Las defensas, no consideradas, se guardan para otros bandos: los que movieron la cámara (y esto en lo real: los migrantes, el carro abandonado, el motor caliente y sin nadie).

—No hablaban pero devuelva un minuto —revisan la grabación—: saben que hay más.

—¡Les dijeron!

—O somos muy evidentes.

—¿Ya sabemos que saben dónde estamos?

—Sabemos, como mucho, que estaban encima y que debemos mermar las raciones.

«Lo que sí es palpable a cada momento, incluso entre los residentes que tienen estatus legal en el país, es el miedo […]. Fuera de las guarderías, hay voluntarios con expresión vigilante y silbatos color naranja al cuello, listos para dar la alarma cuando haya agentes del ICE a la vista»: que no los cojan; preferible evitar enfrentarse y ser pasado por baja antiamericana. Instalaron la zona de perseguidos («“Estoy con la cabeza mirando en toda dirección”, dijo. “Estoy muy ansioso, por si llega a pasar algo”»), en la que ellos son los que deciden, y actúan bajo marcos legales: su accionar es legí-timo, y quién se opone al accionar de la «ley».

Mataron a Renee Nicole Maklin Good, poeta, y al enfermero Alex Pretti (informa la nicaragüense Ángel). Gregory Bovino valora la medida: «Parece una situación en la que un individuo quería causar el máximo daño y masacrar las fuerzas del orden» (justó él que se rehúsa a que los llamen la Gestapo de Trump, debido a las consecuencias que afrontan los supuestos comentadores de su naturalidad lobo-abuela). Cuando, según El Comité, «Esos videos mostraban que Pretti no tenía nada más que un teléfono en las manos cuando fue abordado por los agentes de la Patrulla Fronteriza, y que nunca sacó la pistola que llevaba (y para la que, al parecer, tenía licencia)».

(Sobre los videos: brutales y personas graban desde su perspectiva, la cámara en la mano o en el pecho, cosa que me llevó a «Black Bear», con la similitud de un espacio, como dije, de caza; del ambiente invernal; la persecución; el evento transmitido con ese toque de show de iglesia cristiana televisiva; y la repetición que difiere por ser varios los acusados; y porque los celulares son herramienta, ayuda lejana del objetivo de los agentes).

Siguiendo con la mentira, recalquemos la acusación de Bobino y veamos cómo «El gobierno insta a los estadounidenses a rechazar las pruebas que perciben con sus ojos y oídos». Temores: uno de ellos es que lo visible, por ambas partes, será tan manipulable como para presentar sombras y llamarlas lirios, para luego tenerlas por escombros, y por último lo que se le escoja el manipulador de las mismas. Un encuentro nietzscheano; la consolidación de la red social del presidente para todo el país.

En términos de posverdad (Trumpverdad), ¿cuáles son las implicaciones de que un imperio, y su empeladrón, tenga un medio único donde no se censure más que lo extraño? ¿Y cómo se puede medir sus circuitos en las medidas restrictivas? Un adelanto son los testimonios: «“Estoy muy ansioso, por si llega a pasar algo”; y «“Siempre estoy pendiente de ellos”, dijo Keefe, quien es pastora de una pequeña iglesia de Mineápolis. “Es como estar hipervigilante, en alerta máxima, todo el tiempo”».

Aciertan los comentaristas en el remedo distópico (The Chase y sin vista para decirla mas pendiente como La Chute de l’empire américain). Esa es la demencia senil que afirma Atilio consultando especialistas, sus implicancias en los otros. Y lo que se juzgue en contra, así como las evidencias, lo que por orden de chasquido cambia, es contralínea de administración y, por ende, resistencia mermada por certificado a priori: manejan y tiran a los agentes, a largor de violencia, incluso contra los nativos (¿a dónde piensan mandarlos?) y los cinco años con sentencia.

Hasta el miedo a hablar español (entrega a los sajones, maestro José) en público (y las ventanas cerradas: nadie-vive-aquí), de Lisette Cando de treinta y uno cuyo hijo de siete años les pregunta por los padres detenidos o deportados de sus compañeros de clase, «Ella intenta tranquilizarlo, y también a sí misma. “Yo le dije que estamos a salvo”»

—¡Pasan; apague la cámara!

—¡La moví…!

—No la habrán visto: vienen sin reflectores.

—Pero ruedan cada vez más cerca…

—¡Y hacia nosotros…!

«Procedo, Control…»

Fátima, enero 26 de 2026

Alejandro Zapata Espinosa

Alejandro Zapata Espinosa

Itagüí, Colombia (2002). Licenciado en Literatura y Lengua Castellana (Tecnológico de Antioquia). Maestrando en Educación (Universidad Santiago de Cali). Su pluma disecciona la biopolítica del control y la resistencia desde la periferia de la imagen.

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