Volvimos a la finca y nada era igual. ¿Quién lo diría? Bajamos al pueblo por la remesa y regresamos con la amargura.
¿Quién pensaría que la mula traería el peso de ver las paredes blancas violadas: rayas, firmas, violencia?
¿Quién creería que nuestro pedacito de cielo guardaba las indicaciones del exilio?